Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, se estrenó en el Teatro Calderón de Madrid el 26 de marzo de 1932 y es considerada el último gran florecimiento de la querida tradición de la zarzuela española antes de que el género comenzara a desaparecer de los escenarios populares. Torroba se nutrió del legado de la zarzuela grande y del género chico, más ligero, que lo precedieron. Luisa Fernanda posee una amplitud emocional y una escala que ninguno de sus modelos llegó a alcanzar del todo. En lo musical, la obra es una muestra brillante del casticismo, en la que Torroba cultiva deliberadamente un espíritu de nacionalismo español puro y popular. El resultado es una partitura llena de vivo color español, impregnada de la gracia de la opereta vienesa y el ardor emocional del verismo italiano.
La obra se desarrolla en medio de la agitación política real de la España de 1868, cuando el régimen de la reina Isabel II se tambalea ante la presión de un creciente movimiento republicano. En el centro de todo está Luisa Fernanda, la hija del posadero, cuyo prometido, Javier, se ha vuelto distante y ambicioso, mucho más interesado en su propio ascenso que en ella. Cuando el rico terrateniente Vidal Hernando llega a Madrid en busca de esposa, Luisa coquetea con él, pero le advierte con claridad: su corazón pertenece a otro. Mientras tanto, Javier cae bajo el hechizo de la seductora duquesa Carolina, de ideas monárquicas, y abandona al mismo tiempo sus simpatías republicanas y a Luisa. Herida y humillada, Luisa se vuelve hacia Vidal, quien de inmediato se declara revolucionario por ella y le propone matrimonio en ese mismo instante.
Lo que sigue es una historia en la que el romance y la revolución se vuelven inseparables. En una fiesta de beneficencia, Carolina intenta comprar la lealtad política de Vidal y fracasa; Luisa, dolida por la arrogancia de Javier, elige públicamente a Vidal por encima de él. A medida que el levantamiento republicano cobra fuerza, Vidal lucha con valentía en las calles, no por convicción política, sino únicamente por amor a Luisa. Javier, que combate en el bando contrario, es capturado y está a punto de ser ejecutado por la multitud; solo la intervención de Luisa lo salva. Cuando las fuerzas monárquicas finalmente se imponen en esta batalla, Javier se marcha del brazo de Carolina, y Vidal, herido pero victorioso en el amor, obtiene de Luisa la promesa de matrimonio.
Años después, con la revolución por fin triunfante y la boda con Vidal a punto de celebrarse, un Javier destrozado regresa para suplicarle a Luisa un último encuentro. Ella admite que todavía lo ama, pero decide cumplir su palabra con Vidal. Es el propio Vidal, al ver su angustia, quien toma la decisión más generosa y desgarradora de la obra: la libera de su promesa, la anima a ir con Javier y se queda solo en su finca, sin más que el recuerdo de la mujer que amó y perdió. Luisa Fernanda perdura como una de las obras más queridas de la tradición del teatro musical español.